Economía sin estrategia: el gran vacío del desarrollo colombiano km
Colombia enfrenta una de sus grandes contradicciones históricas: pretende alcanzar crecimiento económico sin consolidar una verdadera estrategia nacional de desarrollo. Un país no crece simplemente porque aumente el gasto público, se expidan decretos o se construyan discursos políticos. Crece cuando existe estrategia, talento, inversión, productividad, disciplina y buena gerencia.
La historia económica colombiana demuestra que las crisis no pueden enfrentarse desconociendo sus causas estructurales. Cada generación recibe un país con problemas acumulados y, cuando las decisiones económicas se subordinan a filosofías políticas o a intereses ideológicos, el resultado termina siendo más incertidumbre, menor inversión y pérdida de oportunidades.
Un ejemplo histórico merece ser recordado: el Decreto 444 de 1967 y el Plan Vallejo representaron instrumentos mediante los cuales el Estado buscó ordenar aspectos fundamentales de la economía, administrar las divisas, estimular las exportaciones y fortalecer la actividad productiva. Más allá de las diferencias con el contexto actual, dejaron una enseñanza fundamental: el desarrollo requiere instrumentos, dirección y objetivos concretos.
El problema aparece cuando la política económica comienza a construirse alrededor del resentimiento social.
Una narrativa progresista puede caer en la simplificación de presentar al rico como responsable de la pobreza del pobre y a la empresa como enemiga del trabajador. Pero esa lógica desconoce una realidad elemental: la riqueza sostenible no se redistribuye indefinidamente si primero no se produce.
Una economía necesita empresas que inviertan, trabajadores que produzcan, emprendedores que arriesguen, científicos que innoven, agricultores que modernicen sus procesos y un Estado que genere condiciones para que todo ese talento pueda convertirse en desarrollo.
El empresario no debería ser presentado automáticamente como adversario del trabajador. Una empresa que crece puede generar empleo; una industria que exporta puede producir divisas; una inversión productiva puede crear cadenas de proveedores; una innovación puede elevar la productividad de miles de personas.
El desafío del Estado consiste precisamente en construir las condiciones para que esa dinámica funcione con reglas claras, competencia, justicia, seguridad jurídica y oportunidades.
El secreto no está en combatir la riqueza: está en multiplicar las posibilidades de crearla.
Colombia necesita superar la política económica de corto plazo y recuperar una visión estratégica. No basta con aumentar el gasto si ese gasto no genera capacidad productiva. No basta con subsidiar si el subsidio no conduce a la autonomía económica. No basta con hablar de igualdad si las políticas adoptadas terminan reduciendo la inversión y las oportunidades laborales.
La verdadera política social no debería consistir únicamente en administrar la pobreza. Debe crear las condiciones para que las personas puedan salir de ella.
Eso exige educación pertinente, infraestructura, energía competitiva, seguridad, justicia, innovación, crédito productivo, desarrollo rural, industrialización, exportaciones y una administración pública profesional.
Colombia tiene recursos naturales, talento humano, posición geográfica y capacidad empresarial. Lo que muchas veces ha faltado es continuidad estratégica.
Un país no puede reinventarse económicamente cada cuatro años.
Necesita una política de Estado que sobreviva a los gobiernos y que establezca metas de largo plazo: aumentar la productividad, ampliar la base empresarial, fortalecer la industria, modernizar el campo, conquistar mercados internacionales y formar capital humano.
La ideología no puede reemplazar a la gerencia.
El resentimiento no puede reemplazar a la productividad.
El gasto no puede reemplazar a la inversión.
Y el discurso político no puede reemplazar a la estrategia.
Colombia necesita volver a entender una verdad sencilla: el desarrollo no es producto de la improvisación.
Es el resultado de combinar estrategia, talento, disciplina, inversión y gerencia.
Ese debería ser el punto de partida de cualquier verdadero Plan Nacional de Desarrollo.
JRoU
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