Montañas separan tu encanto de brillo del sol que en tus hombros son el recuerdo de un abrazo o ese antojo distante de un ayer.
Silueta que danza en su noche, en frío encanto que añora su cálido despertar.
Mirada de encanto y sonrisa de labios inquietos añorando pasión.
Silueta que danza en bosques de aroma y flor natural, se esconde del fuego en el calor de la noche, sin saber que será de su amanecer.
Te senri pasar en mi mente sin contemplar que distante estás, silueta de sobras de la mujer del camino real.
José Rodrigo Umaña Martínez
Las cuatro plumas de un olivo
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